publicado el 1 de enero de 2019

La Fundación Nacional para la Cultura Popular dio a conocer hoy su selección de las 20 producciones discográficas más sobresalientes de 2018.

La Fundación Nacional para la Cultura Popular es una organización sin fines de lucro cuyos objetivos son, entre otros, la investigación, estudio, conservación, producción, promoción, exhibición y difusión del conocimiento sobre la cultura popular, clásica y folklórica de Puerto Rico.

Los 20 de 2018

Experimentación, reafirmación y presencia de la diáspora fueron tres elementos que marcaron la producción discográfica de Puerto Rico en 2018. Las ansias de levantar el espíritu colectivo de un País azotado por dos huracanes repercutió con fuerza en la creación de sus artistas que realizaron labores de excelencia desde todos los ángulos musicales.

Tras un minucioso escrutinio que incluye análisis de interpretación, ejecución musical, labor técnica, concepto y empaque, la Fundación Nacional para la Cultura Popular presenta la selección de las 20 producciones más sobresalientes de 2018.

19. Artista: Elisa Torres Título: Imágenes Productor: Elisa Torres Sello: Independiente

19. Artista: Elisa Torres
Título: Imágenes
Productor: Elisa Torres
Sello: Independiente

La amplia gama de sonidos – originales o adaptados para el arpa – se reproducen aquí en esta sobresaliente producción. La arpista de nuestra Orquesta Sinfónica, regresa al estudio para entregarnos su segunda producción como solista. Y con ella en la mano, brilla en presentación, grabación y repertorio. Amplia en su dimensión musical, el mundo clásico se honra con su acariciar de las cuerdas. Y la grabación, realizada en Playbach Studio por el ingeniero Carlos Velázquez, hace honor a una obra claramente impecable.

http://prpop.org/2019/01/bobby-valentin-se-impone-con-su-maestria/

 

 

 

Ángel tiene tres años pero parece un hombrecito. Y es feliz. Muy feliz, a pesar de que -como muchos en su situación- ha tenido que aprender a luchar contra el cáncer prácticamente desde la cuna, sin que eso borre de su mirada el brillo ni de su rostro las sonrisas, como si supiese que cada día vivido es un día ganado y que solo el hoy es el que cuenta.

 

En seres como Ángel el quehacer de quienes se dedican al arte encuentra una justificación que trasciende los linderos habituales. Pienso en eso cuando veo a Ángel y cuando pienso también en cómo los talentos y las pasiones de los artistas dejan huella más allá del contexto eminentemente estético y formal de sus respectivos quehaceres, cómo esa dimensión trasciende lo que sucede -por ejemplo- en una sala de conciertos, donde cada sábado por la noche unos músicos tocan para un público durante dos horas, se entregan en cuerpo y alma y después de eso cada quien para su casa… y suele pasar inadvertido ese otro alcance de la dimensión humanística de lo que con tanto amor viven: tocar a aquellos que no suelen ser su público habitual, dejar una huella indeleble de felicidad en quienes muchas veces están agobiados por situaciones en las que cada día es una lucha por sobrevivir.

 

Esto es lo que hacen seres tan especiales como Elisa Torres, arpista, profesora, miembro de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico y -tan importante como todo esto- una artista comprometida con la misión de que su don por la música lleve un poco de luz y alegría a poblaciones como la del Puerto Rico Hope Lodge & Hogar Niños Que Quieren Sonreír, institución que -de la mano de la Sociedad Americana Contra el Cáncer- realiza una labor encomiable con la población que padece de esta terrible condición. Para más información sobre la amplia gama de servicios que ofrece esta entidad, puede visitar la dirección: http://bit.ly/2cQ8msc.

Este albergue temporero y libre de costo para pacientes adultos y pediátricos (y sus familiares cuidadores) ha sido abrazado por la amorosa iniciativa de Elisa que -de la mano del Comité de Alcance a la Comunidad de los músicos de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico- estará recogiendo artículos de primera necesidad destinados al uso de quienes residen en este hogar mientras reciben tratamiento médico, acopio que se realizará durante los ensayos de la OSPR abiertos al público -desde las 6 p.m.- de este viernes 23 de septiembre y del viernes 21 de octubre.

 

Bajo el lema “Los músicos de #tusinfónica te invitan a tocar más allá de la música”, está campaña se extenderá hasta el último día de octubre para recibir: PediaSure, Ensure y Boost (de vainilla y chocolate), pañales desechables para pacientes jóvenes en tallas S, M, L y XL, toallitas húmedas (Chubs), Clorox y Lysol, papel higiénico, papel toalla, detergente y suavizador de ropa, jabón de fregar, café, arroz, habichuelas en lata y artículos para merienda, como por ejemplo, frutas en lata, puré de manzana y jugos en caja sin colorante. Fuera de las fechas de esos dos ensayos abiertos, quienes deseen colaborar pueden entregar sus donativos a cualquiera de los músicos de la OSPR.

 

Esta iniciativa se deriva de otra labor que desde finales del año pasado Elisa realiza con este hogar: llevar su música frecuentemente, tanto a este centro como, a la sala de espera y a los pasillos del Hospital Pediátrico del Centro Médico en Río Piedras, porque ama profundamente hacerlo, porque eso le da un sentido aun más trascendental a su entrañable relación con la música y con el arpa.

 

Inquietud que no encontraba respuesta en ninguno de los hospitales a los que se acercó para llevar su arte, Elisa finalmente encontró eco en esta institución gracias a la gestión de Keyshla Marie de Jesús, sobreviviente de cáncer, quien fue residente del hogar y que -como estudiante de la Escuela de Artes Plásticas- conoció a Elisa cuando ésta tocó en esa institución. “Si bien es cierto que toda la música tiene un efecto sanador maravilloso, esto es aun más con el arpa”, explica. “Ella me puso en contacto con Bárbara Ríos, directora del Puerto Rico Hope Lodge & Hogar Niños Que Quieren Sonreír, me invitó a tomar parte en su fiesta de Navidad del año pasado, proceso que coincidió con el momento en el que ellos consiguieron un espacio en el Hospital Pediátrico Universitario del Centro Médico, donde cada lunes y miércoles, entre 10 a.m. y 12 p.m., el hogar lleva alguna actividad relacionada con el arte para los niños que están recluidos ahí y sus familiares”.

 

“Keyshla es una de nuestras becadas y fue durante su tratamiento que descubrió su vocación artística y decidió estudiar pintura”, explica Bárbara. “Ella es una joven luchadora que se ha superado increíblemente y que nunca se ha olvidado del hogar como parte de su proceso de sobrevivencia del cáncer. Ha seguido muy vinculada a nosotros y por eso es que Elisa llega adonde nosotros. Me habló del talento inmenso y de la belleza del alma de esta gran artista y amiga… para nosotros es un privilegio enorme que nos dé su corazón y su arte”.

 

Bárbara añade que varias oncólogas del Hospital Pediátrico le hablaron de su inquietud de llevar a esa institución “un espacio de paz” para ayudar de alguna manera a bajar los niveles de ansiedad de pacientes y familiares. “Son circunstancias muy extremas, en las que se enfrentan tratamientos dolorosos, incertidumbres inmensas y diagnósticos que pueden ser devastadores”, explica. “Logramos que nos diesen estos espacios de lunes y miércoles para llevar voluntarios con distintos talentos para que diesen ‘Un ratito de sonrisas en la clínica de oncología’, que es como se llama ese proyecto”.

 

Elisa fue una de las primeras personas que fue invitada a participar y desde entonces ha tocado varias veces, acompañada del gran colega Luis Miguel Rojas, violonchelista principal de la OSPR, quien también profesa una profunda vinculación artística y afectiva por este tipo de iniciativas. “En la pasada fiesta de Navidad del hogar, por ejemplo, más de trescientas familias fueron tocadas por la magia de su música”, afirma Bárbara, quien desde el 2004 trabaja con esta institución. “Quedaron todos fascinados ante tanta belleza y desde entonces se ofreció como recurso para ir al Pediátrico y así lo hemos programado según ella hace espacio en su agenda”.

 

“Siempre que vamos es diferente”, dice Elisa con la mirada brillante. “Les he tocado de todo, desde piezas del repertorio clásico, hasta cosas populares y música de Disney. A Luis Miguel le fascina participar y también me ha acompañado el guitarrista Ramsué López. Es muy hermoso lograr que, al menos por unos momentos, piensen en otra cosa que no sea su enfermedad y su tratamiento”.

 

Asimismo -añade Bárbara- se intenta que, además del elemento puramente estético, también haya un aprendizaje, porque muchos de esos niños y sus familiares desconocen lo qué es y cómo suena una orquesta sinfónica en vivo, algo que varios de ellos descubrirán durante el ensayo de este viernes, como invitados especiales de Elisa, de la OSPR y del maestro Rafael Enrique Irizarry, su director asociado y quien está a la batuta del programa sinfónico de este sábado.

 

“Uno va con la intención de dejar algo en ellos, pero al final es más lo que ellos le dan a uno, con su ejemplo, valor, pasión y deseos de vivir”, asevera Elisa. “Uno sale de ahí transformado… ojalá y más personas comprendan esto y se unan para hacer de la vida de todas estas personas algo un poco más luminoso”.

 

cmpr.edu

Prof. Elisa Torres recibe una beca del American Harp Society

Conservatorio de Música de Puerto Rico

La Prof. Elisa Torres ha recibido una beca del American Harp Society para la comisión de una obra para arpa y flauta a la compositora Johanny Navarro. Johanny, recién graduada del Programa de Composición de nuestro Conservatorio, actualmente cursa estudios de maestría en la Universidad Católica de América en Washington D.C. El estreno de la obra será junto a la flautista mexicana Alhelí Pimienta, durante el Festival Internacional de Flauta a celebrarse en enero de 2017 en la Ciudad de México.

 

 
 
 

Emanuel Olivieri, viola, Eliza Torres, arpa y Alhelí Pimienta, flauta. Foto suministrada.

El segundo movimiento de la obra por Eduardo Angulo, contiene pasajes muy líricos e intensos. Se aprecia muy bien el sonido dulce del arpa. Empleó todo su registro: agudos y graves, cortes acentuados, escalas y acordes. La flautista Pimienta tocó una flauta alto y le extrajo un sonido suave cual la seda. Se escucharon pizzicati y col legni de la viola.

El tercer movimiento parece estar en tempo di huapango (este es un comentariomuy mío; no he constatado con partitura alguna). Se aprecian los interesantes ritmos, cortes, arpegios y escalas con el arpa. En la obra se percibe un uso óptimo de temas, motivos y forma además de la excelente proporción y cohesión entre las distintas secciones. Se oyen los pizzicati de la viola, simultáneos con las cuerdas pulsadas del arpa. Se disfruta el juego rítmico de la sesquiáltera, tan mexicano y latinoamericano, de compases simultáneos o alternados de 3⁄4 y 6/8. Es una obra rítmica y lírica o cantabile a la vez.

El cuarto movimiento empieza en modo mayor muy alegre; parece luz pura. Se escuchan los pizzicati de (1941)la viola, además de notas de adorno y portamentos. Unos cortes acentuados separan frases o pasajes. De momento puede ser reminiscente de un son jarocho. La flauta da unos saltos de octava con suma gracia. Se cambia de modo mayor a menor. Suena misterioso y pasa a ser lírico en extremo. Se captan ritmos que recuerdan a los zapateos jarochos durante los fandangos (o fiestas) en el sur del estado mexicano de Veracruz. La obra refleja gran alegría y regocijo por la vida.

La tercera obra fue del siempre bien recordado Ástor Piazzola (1921-1992). La obra interpretada fue Bordello 1900,tomada de Histoire du Tango, en un arreglo para flauta y arpa por Vehnamen. El compositor contribuyó al repertorio mundial y cosmopolita desde una óptica o enfoque muy argentino. Las maestras Torres y Pimienta recrearon una obra con la perfección en mente. Se escuchó el ritmo acompañante recurrente que muchas veces denominan de habanera, corchea con puntillo seguida de una semicorchea y dos corcheas más. Se hizo percusión sobre la madera del arpa. Ocurrieron doblajes de notas entre ambos instrumentos además de portamentos ascendentes con pasajes cromáticos. La obra descrita es realmente fascinante. Las intérpretes estuvieron óptimas.

La cuarta obra del concierto es de un griego radicado en Canadá. Se llama Christos Hatsis (n. 1953). La pieza se

Emanuel Olivieri, viola, Eliza Torres, arpa y Alhelí Pimienta, flauta. Foto suministrada.

titula Nádir para flauta , viola y sonidos grabados (1988). Esta obra es muy moderna y exótica. Es muy reminiscente de la música tradicional griega, turca, siria y de los Balcanes. La flauta se asemejaba al nay, una flauta oblícua que se construye con una caña de río, de los países del Cercano Oriente. La flauta y la viola hacían ritmos e métricas muy difíciles. La grabación contiene efectos de interjecciones (¡jey!), del tambor denominado darbukkah, del salterio denominado qanuun y del laúd (de sonidos agudos) conocido como buzuuq. Contiene otros efectos de percusión, de sintetizador y hasta de cajita de música. Se escucharon frulatos y trémolos. La obra es una verdadera fantasía encantadora.

La quinta obra del concierto, las Cinco danzas folclóricas argentinas para viola, flauta y piano (2003), de Martín Kutnowsky (n. 1968) es una obra admirable y retante. Es una composición argentina y muy cosmopolita con disonancias, múltiples variaciones y un lirismo muy latinoamericano. Cada danza está basada sobre un ritmo o género distinto: zamba, milonga, baguala y vals. Me atreveré a añadir marcha también. Se percibieron sonidos raspados sobre las cuerdas de la viola, entre el puente y la tiradera del cordófono, a la vez que el maestro Olivieri percutía la contratapa de su viola.

La selección de choros brasileños fue un gran fin de fiesta por el virtuosismo desplegado, expuesto o manifestado por Olivieri, Pimienta y Rijos. Los títulos de los choros interpretados son Espinha de bacalhau (1945, de Severino Araújo, 1917-2012) Carinhoso y Um a zero (composiciones del gran Pixinguinha, 1897-1973). Otra obra, la penúltima en Ponce, de un compositor contemporáneo brasileño fue incluida en este concierto. Tiene tres movimientos; es muy hermosa. Fue titulada Winter Impressions para flauta, viola y guitarra de Sergio Assad (n. 1952). También se tocó en Miramar.

En Miramar añadieron al final, una obra muy conocida aunque en esta ocasión fue una reducción de una composición para orquesta sinfónica; se redujo para viola, arpa, flauta y piano. Se trata de una muy conocida composición del mexicano José Pablo Moncayo (1912-1958) Huapango (1941). El concierto fue realmente maravilloso en las dos ocasiones. Muchas felicidades a los maestros Olivieri, Pimienta, Torres, Jiménez y Rijos. Felicidades a la Fundación Musical de Ponce y al Consulado de los Estados Unidos Mexicanos por los aciertos en auspiciar estos magnos eventos. ¡Que se repita!

 

El Nuevo Día
p. 53

29 de abril de 2014

Del arpa a la violencia

Por Luis Hernández Mergal

"...La segunda obra, el Concierto para arpa, op. 25, del compositor argentino Alberto Ginastera, contó con la participación de Elisa Torres, arpista principal de la OSPR. Obra que combina la rítmica folclorista sudamericana con un lirismo modernista, el concierto interpretado con patente donaire por Torres, luciendo un impresionante virtuosismo tanto en los espectaculares glissandi, como en el contemplativo segundo tema del Allegro giusto. Asimismo, en el introspectivo Molto moderato, abundante en diálogos del arpa con las maderas, Torres ejecutó con luminoso sonido, resplandeciente en los pasajes de mágica atmósfera creada por el arpa y la celesta. La cadenza Liberamente capriccioso fue todo un espectáculo de efectos maravillosamente logrados por Torres, culminando en un Vivace de ritmos folcloristas; brillante final para un concierto en que Elisa Torres hizo gala de la delicada belleza de su instrumento, sólidamente respaldada por la OSPR. Como encore, Torres ofreció un Preludio del compositor vasco José Antonio de Donostia. ..."

 

El Nuevo Día
p.50
7 de noviembre de 2011
 
Por Luis Hernández Mergal
 
“… la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico (OSPR) interpretó el “Concierto en do mayor para flauta y arpa”, K. 299 de W.A. Mozart, con Elisa Torres al arpa y Josué Casillas en la flauta, ambos miembros de la OSPR. El estilo rococó parisino, en manos de compositores mediocres –que en esa época abundaban en la capital francesa- tiende hacia la frivolidad. Pero en manos del genial Mozart se convierte en un perfecto vehículo del ideal clásico apolíneo.  La magnífica interpretación de Torres y Casillas hizo relucir estas cualidades. Su ejecución fue precisa técnicamente y de extrema elegancia. El arpa se escuchó con claridad, mientras que el tono de la flauta fue siempre sutil. Excelente tambiénfue el acoplamiento entre los dos instrumentos, sobre todo en las cadenzas que, por ser a tempo libre, son muy difíciles de coordinar a dúo. El maestro Pabón dirigió con gusto y mesura la reducida orquesta mozartiana. Los solistas agradecieron los merecidísimos aplausos del nutrido público con una delicada interpretación de la “Pieza en forma de habanera” de Ravel. ”